Un sabio dijo una vez:

Cuando eres joven, tienes la energía y el tiempo para viajar, pero no el dinero.
Cuando eres un adulto, tienes la energía y el dinero para viajar, pero no el tiempo.
Cuando eres viejo, tienes el dinero y el tiempo para viajar, pero no la energía.

 

Esta declaración es tan cierta como deprimente, pero de ninguna manera satisfactoria.

Nuestro mundo, entonces, giraba en torno al trabajo, el trabajo y más trabajo; mientras, sentíamos que nuestros mejores años se escapaban. La llamada “carrera de las ratas” es una descripción precisa de la vida en los Estados Unidos: el "sistema" está tan bien estructurado que es imposible vivir allí y no ser parte de él. Sentimos de repente como si estuviéramos en una encrucijada. Claramente, tuvimos que tomar una decisión.

La vida se trata de crear experiencias y alcanzar metas; de escalar y de caer; de descubrirse a uno mismo; de aprender sobre las propias debilidades y fortalezas; de crear recuerdos. Pero, lo más importante, se trata de vivirla al máximo. Todos nuestros bienes materiales y recursos monetarios no nos proporcionaban la única cosa que anhelábamos, algo que no tenía precio y que haría que nuestras vidas fueran significativas: la felicidad.


Entonces hicimos un plan: calculamos un presupuesto y lo mantuvimos durante siete años. Durante estos años ahorramos todo lo que teníamos; nada de salir a comer, nada de entretenimientos, nada que implicase gasto. Necesitábamos comprar un buen vehículo, tener fondos para cubrir nuestros gastos de viaje y recursos suficientes para respaldarnos hasta que nos estableciéramos en x país. Anteriormente habíamos viajado a varios países de América Latina y siempre imaginamos que podríamos adaptarnos con placer a ese estilo de vida.

Durante dos años investigamos la ruta que nos llevaría a través de esta aventura. Esto implicó una extensa investigación sobre el cruce fronterizo más seguro desde los Estados Unidos hacia México. En nuestra opinión, esta constituía la decisión más importante y crucial para comenzar nuestro viaje a las Américas. Lo que nos esperaba sería un territorio inexplorado para nosotros, algo desconocido y que de algún modo nos volvía vulnerables; sabíamos que teníamos que hacer las cosas bien para disfrutar plenamente la entrada a América Latina.

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Nos contactamos con camioneros que transportaban mercadería entre estos los dos países y les preguntamos sobre el estado de los caminos y las carreteras. Examinamos diferentes cruces fronterizos y calculamos distancia, tiempo y alojamiento. Nos unimos al Expat Forum, una red de expatriados en México y hablamos con varios extranjeros que ya habían utilizado diferentes rutas para cruzar fronteras. Hablamos, también, con otros que habían hecho campañas de aventuras similares y, después de reunir toda esta información, finalmente determinamos cuál cruce de frontera sería el más adecuado para nosotros: Eagle Pass, Texas - Piedras Negras, México.

Investigamos las ciudades (aproximadamente dos horas de distancia entre una y otra) dentro de los países por los que íbamos a conducir y nos comunicamos con los hoteles para determinar cuáles aceptaban mascotas. Habíamos decidido que acampar sería una opción de último recurso, ya que la seguridad siempre encabezó nuestra lista de prioridades. Otras “reglas de carretera” que seguimos fueron no conducir más allá de las 18:00 horas, siempre tener el tanque de gasolina al menos a la mitad de su capacidad, controlar la presión de los neumáticos, permanecer en áreas bien iluminadas y descansar. Pedimos mapas de ruta de cada país, porque el GPS no es confiable para viajes de larga distancia en América Latina. Compramos, además, un dispositivo de seguimiento GPS (funciona con satélite): este dispositivo de mano enviaría nuestras coordenadas a las personas que habíamos enumerado con solo presionar un botón. Además, no requirió servicio de Internet o de línea terrestre, tan solo funciona por satélite. Este dispositivo fue la mejor inversión de seguridad que hicimos. Durante la mayor parte de nuestro viaje estuvimos en el medio de la nada y este rastreador mantuvo a nuestros familiares informados sobre nuestra ubicación exacta todos los días, evitándonos la necesidad de llamarlos por teléfono. Este rastreador también tiene un botón de emergencia, que está conectado a Interpol. Si algo sucedía, se enviaría una alerta a Interpol y a las autoridades locales con nuestras coordenadas. Si eres un viajero explorador/aventurero frecuente, esto es algo que deberías tener.

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Viajar con mascotas: nuestros niños, Willie y Teppo, debían tener la documentación adecuada para ingresar a cada país. Esto significó ponerse en contacto con cada destino y obtener la lista de requisitos de cada paso fronterizo para que se les permitiera ingresar. Estos documentos consistían en una gran carpeta en la que figuraban desde el historial de sus vacunas hasta las certificaciones del Departamento de Agricultura. Cada país tenía una lista de requisitos diferentes, por lo que habíamos creado un archivo para cada país y de ese modo evitar retrocesos durante los cruces fronterizos.

México, Saliendo de Piedras Negras

México, Saliendo de Piedras Negras

 

Como todos sabemos, uno puede planear todo lo que quiera, pero a veces las cosas simplemente no salen de esa manera. Experimentamos esto durante nuestro cruce fronterizo de México a Guatemala. Como en cada cruce terrestre, uno necesita cambiar a la moneda local lo más rápido posible, así que lo hicimos del lado mexicano, intercambiando nuestros pesos mexicanos por quetzales guatemaltecos. Al ingresar a Guatemala, fuimos detenidos y nos negaron la entrada al país, porque para nuestra sorpresa no teníamos un sello de entrada de México cuando ingresamos por Piedras Negras. Luego nos dimos cuenta de que, como todos los funcionarios habían estado demasiado ocupados buscando entre nuestras pertenencias, nuestros pasaportes y el sello habían pasado a un segundo plano. La búsqueda incluyó sacar todo de nuestro vehículo, inspeccionar cada artículo y traer perros para olfatear. La falta del sello fue un claro descuido por parte de todos, incluidos nosotros mismos. Durante el proceso de inspección, los dos estábamos muy tensos y estresados, orque no queríamos pasar la noche en esa ciudad fronteriza y el proceso tardaba demasiado, así que, naturalmente, ni siquiera pensamos en mirar nuestros pasaportes. Todo el tiempo, los funcionarios mexicanos habían tenido nuestros pasaportes en su posesión, por lo que supusimos que ya estaban sellados. Después de suplicar a los funcionarios mexicanos en la frontera con Guatemala, finalmente acordaron sellar nuestros pasaportes con entrada y salida (con una tarifa de procesamiento a pagar en pesos mexicanos, dinero que ya no teníamos en nuestro poder). Los "cambiadores de dinero" ya se habían ido así que, por primera vez, nos vimos obligados a pedir a otros viajeros que tuvieran la amabilidad de contribuir con el poco dinero que tenían y de esa manera ayudarnos a pagar la tarifa para salir de México. De más está decir que aquella fue una lección aprendida.

Finalmente, llegamos a El Salvador, lugar de nacimiento de Cristabel. Nos quedamos allí por siete meses con la intención de asimilar la vida latinoamericana. El Salvador es nuestro segundo hogar; la gente realmente agradable y el campo virgen sin turismo lo convierten en una joya escondida para nosotros. Es hermoso tropezar con estos pequeños pueblos dispersos por el país y ver la vida cotidiana libre de la contaminación de la influencia moderna. Durante nuestra estancia, Dave pasó su tiempo aprendiendo los platos tradicionales de América Central y también sobre los diversos ingredientes. Siendo un país volcánico y tropical, El Salvador produce una gran variedad de frutas exóticas y vegetales poco comunes.  Sus tierras fértiles también son productores de café, maíz y caña.

"Solo tuvimos dos semanas para investigar nuestra ruta desde El Salvador hasta Argentina"

Mientras vivíamos en El Salvador, nos topamos con un anuncio interesante, ¡publicado en Craigslist! El anuncio había sido realizado por un inglés que buscaba a una pareja para administrar su estancia en un campo de Argentina: uno, con experiencia en hotelería y gastronomía para poder satisfacer y proporcionar cocina a invitados de todo el mundo; el otro, con experiencia en el manejo de deberes administrativos, logísticos y contables. Habíamos visitado Argentina unos años antes y nos habíamos enamorado de la diversidad del país, que ofrece una atractiva y abundante belleza en cada una de sus diferentes provincias. Habíamos acordado, que, si alguna vez teníamos la oportunidad de ir a vivir a Argentina, la aprovecharíamos sin dudar. Entonces, con la experiencia culinaria internacional de Dave y las habilidades bilingües y administrativas de Cris, ¡éramos todo lo que el propietario necesitaba para este puesto! Pero él nos necesitaba de inmediato. Así que ahora, teniendo un trabajo, un vehículo y el ferviente deseo de cumplir nuestro sueño de conducir por las Américas, ni dudamos en seguir adelante con nuestro viaje terrestre. Solo tuvimos dos semanas para investigar nuestra ruta desde El Salvador hasta Argentina: la Carretera Panamericana parecía la mejor y más rápida opción para atravesar la mayoría de los países.

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El mayor obstáculo que se interpuso en nuestro camino desde América Central hasta América del Sur fue la región del Darién. El Darién es una densa jungla, virgen e intransitable, que se extiende entre Panamá y Colombia. Es el hogar de una tribu indígena, una preciosa maravilla para los científicos investigadores, un lugar que por su clandestinidad natural frecuentemente se presta para el contrabando de drogas y una atracción para los viajantes aventureros. Sin embargo, la carretera Panamericana termina poco después de la ciudad de Panamá y la única opción para llegar a Colombia es por aire o por mar.  Sin otra opción, embarcamos nuestro vehículo desde la ciudad de Panamá hacia Cartagena. Nuestros perros y nosotros tomamos un vuelo, y nuestras pertenencias fueron hasta Cartagena en un avión de carga. Una vez que recibimos nuestro vehículo, el viaje por carretera estaba nuevamente en marcha.

Cada país era completamente diferente, con vistas impresionantes, abundancia de cultura, gastronomía, arquitectura y costumbres. El recorrido por las exuberantes regiones tropicales de Colombia, las montañas andinas de Ecuador, los pueblos de pescadores de Perú, el desierto de Atacama en Chile y, finalmente, el cruce a Argentina hicieron que la experiencia fuera inolvidable, avasallante y plena. Ya sea disfrutando de una conversación en la casa de un desconocido en Colombia; o conduciendo a través de las nubes, sobre sinuosas carreteras en las montañas de los Andes, en Ecuador; o disfrutando el sabor de los frutos del mar de Perú; o viendo aquellos espejismos que, en las desérticas alturas de Chile, estimulan la imaginación; o entrando a la frontera argentina, enclavada entre majestuosas y ancestrales montañas algunas cubiertas de nieve (que nos daban la impresión de estar en Suiza), sabíamos que todos esos y muchos otros increíbles momentos más se iban quedando para siempre dentro de nosotros. A cada paso, nuestra aventura nos daba más de lo que esperábamos experimentar.


13 Fronteras es más que un viaje.

Representa la decisión de ver el mundo, de estar abierto a una perspectiva diferente en la vida; tu propia vida. Es dar un salto y arrojarse al mundo. Es abrazar las incertidumbres y alejarse de la zona de confort. Se trata simplemente de recibir esa mágica iluminación y aprovechar la oportunidad de aprender sobre nosotros mismos; es sorprendente descubrir los talentos ocultos que todos tenemos. Nunca es demasiado tarde para ser libre de espíritu y probar algo completamente diferente. Es tu vida y solo tú tienes la capacidad de cambiar el sendero que transitas. Por eso, nunca dejes de buscar la felicidad.

Estancia la margarita, tapalqué, provincia de buenos aires